·Sé esa parte de Vida que sólo TÚ puedes hacer que exista·

                                   Patrizia C. Mazzucchelli                                              



ME RETRAT☉ · ME RETRA☾TO

Fotografía realizada por Ramón Cornadó


11

Holística-mística -proactiva -soñadora -INTUITIVA -sacrificada -impetuosa -delicada -observadora-facilitadora-ingeniosa

Creo que he llegado al capítulo 11 de esta vida; ese punto en el camino en el que sientes con certeza que has dejado atrás lo que te impedía ir hacia delante. Ese ‘pseudo-tú’ que no eres TÚ. 

Esa versión de ti que aprendió a existir como un círculo cerrado, porque en los libros se decía que tras el verano no había más opción que la del otoño -y así sucesivamente y vuelta a empezar-; pero no se decía que alzases la vista de esas páginas y observases consciente que ni la misma estación estaba siendo igual a la del año anterior, ni se decía que cerraras los ojos y sintieras que la Vida realmente se experimenta en procesos espirales, círculos abiertos, ascendentes e interconectados en los que el final de uno es el comienzo del otro -camino de crecimiento en la optimización de ti mism☉-. 

Así, del 1 al 10, viví en un circuito circular con un trazado ciertamente singular, iniciado en una infancia disruptiva con una familia de la incertidumbre. La disrupción nació conmigo, una niña que buscaba rincones de soledad -en los que nadie era bienvenido- en los que balancearse -de delante a atrás- con la precisión de un péndulo y con tal energía que la cabeza se topaba con la pared, una y otra vez, como quien busca tierra firme tras días y días en alta mar. 

La comunicación y la interacción con el exterior era la justa y necesaria para sobrevivir. No quería que nada ni nadie perturbara la pureza de mi vida interior. El contacto con personas desconocidas -niñ☉s incluid☉s- me causaba pavor y ante las conocidas me rebelaba porque me sentía incomprendida como la versión albina de una especie animal; gestionada como un juguete -ahora te cojo,  ahora te dejo- y, al mismo tiempo, valorada por la curiosidad de los que me creían una niña diferente y protegida por quienes respetaban y resonaban con mi singularidad. 

A nivel escolar, el retraso y el estilo de aprendizaje propio atribuido a la zurdera, condimentado con mi hipersensibilidad y sensación de desarraigo familiar, no fueron un obstáculo para la institución que, consciente de su prestigio educativo, conseguía elevar el rendimiento académico de su alumnado mediante una cultura del esfuerzo con atisbos de innovación, que me ayudó a conformar mi manera de ser y estar en el mundo, alejada de todo posible diagnóstico -y estigmatización- motivado por “mis rarezas”.

Posteriormente, con el cambio de residencia, fueron llegando otros tiempos, esas etapas en las que te crees obligada a alejarte de ti misma para ser aceptada y tener la ilusoria percepción de ser estimada…Aprender a socializar ocultando tu anormal personalidad porque no te ves capaz de sostener la presión del juicio familiar y social -al mismo tiempo que intentas comprender el porqué de tu naturaleza y no llegan las respuestas-; resolviendo el rol de víctima de bullying escolar en la adolescencia por ser distinta; el rol de hija complaciente (“por favor, quererme”) y ausente (“evasión de la realidad”), aunque con ciertas notas de rebeldía (“la energía siempre está ahí, de ti depende en qué la inviertas”); el de estudiante universitaria aplicada (“sed de aprendizaje vital”) y desmotivada (“metodologías pedagógicas tediosas”); el de  incipiente mujer desencajada del itinerario cultural normalizado, que prescribe que la plenitud sólo se logra tras ser madre. 

Al final, una tiene la sensación de que es preciso pedir perdón por existir. ¿Alguien nos enseña a Vivir cuando es más fuerte el deseo de morir?

La transición de una vida decreciente a una Vida Creciente (cuando ya no puedas más, ahí tienes un camino) vino con la decisión de encontrar explicación a mi naturaleza, alejada de etiquetas. 

Y así fui forjando una pedagogía de la diferencia, donde se descubre y se respeta la singularidad de cada persona; alternando la formación universitaria y la formación en metodologías de intervención propias de ambos hemisferios cerebrales, con el trabajo en instituciones comprometidas con la infancia y adolescencia desamparada y con potencial de inclusión social; con infancia que presentaba pluridiscapacidad y una inmensa vitalidad; con infancia, adolescencia y adultez normalizada pero desconectada de su propósito vital, e incluso recuerdo con especial cariño cómo, gracias a la complicidad y confianza de familiares y colegas de la profesión, aprendí a acompañarles en procesos de desgaste mental y emocional.

Y en todos esos nutritivos y fascinantes años de descubrimientos, fui aprendiendo (y sigo haciéndolo), poco a poco, a comprender, aceptar y valorar la Vida que había en mí, a través de observar y sentir cómo la Vida se vivía tras cada gesto, silencio, esfuerzo, renuncia, decisión e indecisión de cada una de aquellas personas.Me encontré en ell☉s

El problema no eres TÚ, el problema surge cuando vives desde el ‘pseudo-tú’, porque nuestra cultura está  descompensada promoviendo una existencia hacia fuera (aparentar más que ser) y desatendiendo la existencia hacia dentro (auto-reconocimiento), obviando el tesoro que somos desde el nacimiento

Llegamos al mundo y, como si de ropa se tratara, nos vestimos del rol que nuestra familia -por convicción- y la sociedad  -por imposición- ha determinado porque “siempre se ha hecho así”.Y si ese rol no está alineado con tu naturaleza, te  vas deshidratando al alejarte de la configuración singular y potencial con la que has venido

A veces un padre, una madre, se siente incapaz de sostener al hijo, a la hija que le ha tocado (no pueden conseguir hacia fuera lo que no han trabajado hacia dentro); entonces ese hij☉ aprende a sostenerse a sí mism☉ o quizás a desprenderse de sí mism☉ para ser valorad☉, transformándose en lo que los demás esperan.Pero realmente no logra ser aceptad☉ por quien es, porque ha rechazado ser "esa parte de Vida que sólo él, ella puede hacer que exista" y de esa forma se desvitaliza.

A veces un hijo, una hija se siente incapaz de aceptar al padre, a la madre que le ha dado la vida porque siente que, al mismo tiempo, “se la quita”. Por eso, me sigue sorprendiendo que haya escuelas donde se aprende a ser padre y madre y no haya escuelas para aprender a ser hijo e hija.

En realidad, ambos son lo mismo en distintas etapas de la vida; a lo largo de ese cordón umbilical invisible pero sensible, van transmitiéndose informaciones y patrones generacionales de los cuales algunos nutren y otros desnutren.

Sé que he llegado al 11 (1 junto a 1) porque soy consciente de que somos el punto de encuentro -único y perfecto- entre dos partes diferenciadas y complementarias: un padre y una madre (o referentes en la infancia); un hemisferio cerebral izquierdo y uno derecho (tenemos dos mentes en una); un atisbo de vida y un atisbo de muerte (lo que crece y decrece). 

La polaridad nos facilita comprender, ordenar y reparar la realidad en sus diferentes matices y la unicidad posibilita la continuidad de nuestra vida. ¿Puedes imaginar cuántas variables han confluido para que TÚ estés aquí ahora mismo?


¡Confía en la Vida, confía en Ti y date las gracias por haber llegado hasta aquí!


Patricia C. Mazzucchelli